• Colores
  • Démonos el gusto…

    DOY COMIENZO ESTA CARTA EN PLENO VERANO. Las ciudades funcionan a media máquina, el calor es agobiante, el tiempo libre se multiplica y uno, al fin, ya está de vacaciones. Disfrutemos de los muchos días de sol, de las largas horas de luz, de la vida al aire libre… Pero también concedámonos “homenajes” gastronómicos, exposiciones prolongadas a la bonanza climática y, aunque parezca una paradoja, a pesar del tiempo libre, descansemos de la práctica rutinaria del deporte. Que estemos todos más próximos del mar y el salitre, o bien a la vera de la placidez del río, refrescando de nuevo la mente, imaginando cosas bonitas y reinventando los días y las noches de estío, en pareja o en familia, pero siempre entre amigos. De un día para otro, casi sin darnos cuenta, el tiempo de vacaciones comenzará a menguar y tendremos que guardar el bañador, bermudas y camisas ligeras. Y vendrá lo que han dado por llamar síndrome, depresión o estrés posvacacional. ¿Cómo combatirlo? Con relativa normalidad. Siguiendo una de las máximas del sabio físico alemán Albert Einstein “La mente es igual que un paracaídas, sólo funciona si se abre”. Se trata de recuperar la ilusión que supone el regreso a las situaciones agradables tras las vacaciones: los compañeros y colegas con los que comentaremos las vacaciones vividas. Una forma de  alargarlas en el tiempo mediante el recuerdo.