Ser o no ser
QUE EL CALOR DILATA LOS CUERPOS Y EL FRÍO LOS CONTRAE es una de esas leyes de la física que todos aprendimos a una edad temprana. Valga la analogía para explicar cómo evolucionan algunas ideas. Hay conceptos que, con el paso del tiempo, crecen hasta formar parte de nuestra vida cotidiana. Otros, en cambio, acaban perdiendo fuerza y desaparecen casi sin dejar rastro.
La sostenibilidad pertenece, sin duda, al primer grupo. Hace años que dejó de ser una tendencia para convertirse en una forma de entender la actividad empresarial. Materiales reciclados, procesos de producción más eficientes, certificaciones, energías renovables, reducción del impacto ambiental forman hoy parte del trabajo diario de muchas empresas. Y así debe ser.
Pero cuando una idea adquiere tanta importancia también aparecen quienes intentan aprovecharse de ella. Quizá sea esa la razón por la que una palabra prácticamente desconocida hasta hace poco haya irrumpido con tanta fuerza en el lenguaje empresarial: greenwashing. Un anglicismo que, más allá de estar de moda, nos recuerda que no basta con parecer sostenible, también hay que serlo. Durante años hablábamos de sostenibilidad; ahora empezamos a hablar también de cómo respaldarla con hechos.
Afortunadamente, las cosas empiezan a cambiar. Europa avanza hacia una mayor transparencia y exige que las declaraciones ambientales puedan justificarse con datos objetivos y verificables. A nuestro juicio, no parece una mala idea. Quienes llevan años invirtiendo en procesos más eficientes, certificaciones y materiales más sostenibles no deberían competir en igualdad de condiciones con quienes utilizan la sostenibilidad como un simple argumento comercial.
La inmensa mayoría de fabricantes e importadores de nuestro sector lleva muchos años avanzando en esa dirección. Cada uno, a su manera, ha contribuido a impulsar un modelo de negocio más responsable y respetuoso con el medio ambiente. Lo han hecho sin grandes titulares y, en muchas ocasiones, sin buscar reconocimiento. Simplemente porque entendían que era el camino correcto. Porque las convicciones, cuando son auténticas, rara vez necesitan hacer ruido.
Precisamente en las páginas de este número encontrarán empresas que demuestran que la sostenibilidad no se improvisa y que merecen un elogio por el esfuerzo, el ahínco, la dedicación, la vocación, la obstinación y esa insistencia casi silenciosa que lleva años caracterizando su forma de trabajar. Estamos convencidos de que quienes trabajan con seriedad, invierten en mejorar y comunican con transparencia seguirán marcando el camino, porque la sostenibilidad ya no consiste únicamente en hacer las cosas bien, sino también en poder demostrarlo.
Abrimos, pues, un nuevo capítulo de La Papelería, en el que nos hemos esmerado, como siempre, en ofrecer contenidos de interés para nuestros lectores. En esta edición queremos rendir un sentido homenaje a Antonio Argüelles, de Arguval, cuya reciente pérdida ha dejado un gran vacío en el sector. Y como es habitual, recogemos algunas de las mejores propuestas y tendencias de las empresas más representativas… y mucho más.
No quiero terminar esta carta sin recordar la celebración, el jueves 15 de octubre, de la segunda convención de la Asociación del Sector de la Papelería. Un evento esperado, sobre todo si utilizamos palabras tan acertadas como cercanía, conversación o reencuentro, porque de todo ello tendrá mucho esta jornada, que volverá a reunir a profesionales en un ambiente nada ceremonioso e informal. También se aprovechará la ocasión para hacer entrega del «Premio a la papelería embajadora». Será, por tanto, una buena ocasión para volver a ver a los amigos y disfrutar de ese buen ambiente que siempre debería acompañarnos.
Salud y buena campaña para todos.
Javier Palazón. Director




